¿Necesitas cambiar de dieta o de hábitos de vida?

Has probado una tras otra todas las dietas mágicas que te han recomendado tus amistades. Cada mes cambias de ingrediente milagroso quemagrasas: que la sopa de coles, que el ananá, que el pomelo, que el té verde. Probaste dejando de comer de noche, agregando picante a tus comidas, repartiendo tus alimentos en más comidas diarias, o en menos… ¡Y todo parece inútil! Cuando finalmente terminas un régimen con la convicción de que esta vez sí ha funcionado y has logrado bajar de peso, resulta que en pocos días el efecto rebote te alcanza. ¿No será que, en lugar de atenerte a una dieta puntual, lo que necesitas es revisar tus hábitos?

¿Quieres cuidar lo que comes? Cuida primero lo que compras.

Ten expectativas realistas

¿Y si las dietas te desilusionan porque te has propuesto alcanzar un peso irreal? Si buscas la delgadez de una modelo o de una actriz famosa, debes saber que ese peso seguramente sea insalubre para tu tipo de cuerpo (para la mayoría de las personas, vamos). En lugar de cambiar de dieta, cambia tu mirada.

El problema del sedentarismo

No es solo una cuestión genética el tener un metabolismo más rápido. Si haces ejercicio con regularidad, tu cuerpo procesará mejor los alimentos que ingieres, adquirirás mayor volumen de masa muscular y quemarás depósitos de grasa. Sin embargo, ante la perspectiva de incorporar una rutina de ejercicios, nos ponemos excusas: “no tengo tiempo”, “no tengo dinero para gastar en un gimnasio”, “el ejercicio no me gusta”, etc.
Debes aceptarlo. Si pasas la mayor parte del tiempo en el trabajo en una silla, y también el tiempo libre lo destinas a la computadora o a la televisión, no habrá dieta milagrosa que valga.

La actividad física puede ser placentera.

A la hora de hacer compras

¿Sueles abandonar de la noche a la mañana una dieta porque te tientas con un dulce? Evita tener esa clase de alimentos poco saludables en casa. Ve al supermercado con una lista de compras, y atente a lo que dice en ella. No compres sintiendo apetito, pues es más fácil sucumbir. Si puedes, no adquieras todos tus alimentos en el mismo lugar: ve a una feria del barrio, o a la verdulería, en busca de vegetales y frutas bien frescos de estación, a la pescadería a comprar la pesca del día, a la carnicería para que te preparen un corte bien magro, etc. Cuidarse con la comida empieza por lo que compras.

Incluye a tu familia en actividades al aire libre.

¿Cómo pasas el tiempo libre?

Piensa por un momento: ¿Cuál fue la última vez que tú y tu pareja salieron a caminar o a andar en bicicleta? Si lo único que hacen juntos es ir al cine y atiborrarse de pochoclo, pedir comida en casa o salir a restaurantes, tal vez sea hora de encontrar otros intereses en común además de la comida. Salgan a pasear por el parque, o tomen una clase de baile juntos. De la misma manera, si tienes hijos, que la consola de videojuegos no sea el único pasatiempo: acostúmbrate a pasar algunas tardes corriendo con ellos tras una pelota, remontando un barrilete o sacando al perro de la familia a dar una larga caminata.

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